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	<title>Ivette Estrada Archivos - La Chispa de Oaxaca</title>
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	<description>Noticias de Oaxaca</description>
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	<title>Ivette Estrada Archivos - La Chispa de Oaxaca</title>
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		<title>ABANICO/ La dignidad pende de un hilo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 15 Jun 2026 07:22:03 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Ivette Estrada]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Ivette Estrada La dignidad es la forma más silenciosa de libertad. También la más transaccional. En tiempos donde la estridencia se confunde con fuerza y la arrogancia con carácter, la dignidad queda reducida a un gesto mal interpretado y casi sospechoso. Se le confunde con orgullo, con exageración de la autovalia o con un&#8230;</p>
<p>El cargo <a href="https://lachispadeoaxaca.com.mx/columnistas/abanico-la-dignidad-pende-de-un-hilo/">ABANICO/ La dignidad pende de un hilo</a> apareció primero en <a href="https://lachispadeoaxaca.com.mx">La Chispa de Oaxaca</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Ivette Estrada</strong></p>
<p>La dignidad es la forma más silenciosa de libertad. También la más transaccional.</p>
<p>En tiempos donde la estridencia se confunde con fuerza y la arrogancia con carácter, la dignidad queda reducida a un gesto mal interpretado y casi sospechoso.</p>
<p>Se le confunde con orgullo, con exageración de la autovalia o con un desprecio altivo hacia los otros. Pero la dignidad no se limita a ser gesto o postura. Es una línea ética que sostiene sin humillar, afirma sin imponerse y permite estar en el mundo sin desaparecer, pero tampoco sin avasallar.</p>
<p>Es un modo de habitarse a uno mismo sin pedir permiso y sin exigir reverencias.</p>
<p>Sin embargo, en la conversación pública, su sentido real se extravía. Se encarta entre discursos utilitarios, aparece en vínculos desiguales y se ostenta en prácticas que normalizan la humillación como método de convivencia.</p>
<p><strong>¿Qué es dignidad?</strong></p>
<p>Hay escenas que iluminan mejor que cualquier definición. Pienso en Zósima, en Los hermanos Karamázov, inclinándose ante un hombre que llega a pedirle perdón y espera juicio y penitencia. No lo humilla ni lo absuelve: simplemente lo reconoce. Ese gesto desconcierta porque no responde a la lógica del poder. Tampoco a la del sometimiento.</p>
<p>Zósima no se rebaja, pero tampoco coloca al otro en un pedestal. Lo mira como igual. Y en un gesto silencioso, casi imperceptible, ambos recuperan su libertad interior. Eso es dignidad. Un acto limpio, humilde, sin estridencia. Una forma de humanidad que no necesita ruido para existir.</p>
<p>La dignidad exige una relectura profunda ahora, en un momento donde casi todo se vuelve negociable: palabra, cuerpo, tiempo, presencia… incluso la vulnerabilidad.</p>
<p>En un paisaje saturado de demandas y expectativas, la dignidad funciona como un eje silencioso. Ordena la vida interior y la pública. No es un gesto heroico ni una declaración altisonante. Es una forma de autovalía que no necesita exhibirse.</p>
<p>Es la capacidad de trazar límites que no hieren, de sostener una presencia que no se somete, de reconocer que el valor propio no se mendiga, pero tampoco se impone.</p>
<p>La dignidad es, en esencia, una memoria de lo que somos antes de que el mundo nos pida ser otra cosa. Es el centro de cada uno, un eje que debe ser invencible pero sin ostentación, estridencias ni visibilidad artificial.</p>
<p>Está hecha de partes que rara vez nombramos, pero que sostienen la vida entera.</p>
<p>Está en la autovalía silenciosa, dentro de la certeza íntima que no necesita mostrarse para existir. Aparece en los límites que no hieren, en los bordes que protegen sin levantar muros y que permiten decir “no” sin convertirlo en una batalla. Emerge en la presencia sin sometimiento. La dignidad está inmersa en la capacidad de estar sin diluirse.</p>
<p>Surge cuando participamos sin desaparecer. Aparece en el momento de aportar sin regalarse.</p>
<p>Y está también la reciprocidad ética. Ninguna relación personal o profesional puede sostenerse donde sólo una parte entrega.</p>
<p>La dignidad, memoria del propio valor, no puede ser moneda de cambio. Es un recordatorio profundo de quiénes somos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El cargo <a href="https://lachispadeoaxaca.com.mx/columnistas/abanico-la-dignidad-pende-de-un-hilo/">ABANICO/ La dignidad pende de un hilo</a> apareció primero en <a href="https://lachispadeoaxaca.com.mx">La Chispa de Oaxaca</a>.</p>
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		<title>ABANICO/ Radiografía de la envidia contemporánea: El cáncer que no se nombra</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 08 Jun 2026 06:02:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Columna]]></category>
		<category><![CDATA[Columnistas]]></category>
		<category><![CDATA[Abanico]]></category>
		<category><![CDATA[featured]]></category>
		<category><![CDATA[Ivette Estrada]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Ivette Estrada Se sienta en nuestra mesa y lee lo que escribimos. Se mimetiza en el aire y recorre minuciosa los pasillos. Se vuelve el cáncer más pernicioso, sombra que se dice “amiga”. Se llama envidia. Nadie la nombra pese a su acecho y obstinación. La envidia no es solo “querer lo que el&#8230;</p>
<p>El cargo <a href="https://lachispadeoaxaca.com.mx/columnistas/abanico-radiografia-de-la-envidia-contemporanea-el-cancer-que-no-se-nombra/">ABANICO/ Radiografía de la envidia contemporánea: El cáncer que no se nombra</a> apareció primero en <a href="https://lachispadeoaxaca.com.mx">La Chispa de Oaxaca</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Ivette Estrada</strong></p>
<p>Se sienta en nuestra mesa y lee lo que escribimos. Se mimetiza en el aire y recorre minuciosa los pasillos. Se vuelve el cáncer más pernicioso, sombra que se dice “amiga”. Se llama envidia. Nadie la nombra pese a su acecho y obstinación.</p>
<p>La envidia no es solo “querer lo que el otro tiene”. La envidia contemporánea es más sutil: es el dolor que sentimos ante el brillo ajeno porque nos recuerda nuestra propia sombra.</p>
<p><strong>Posee tres rasgos actuales:</strong></p>
<ul>
<li>Comparación permanente: redes, métricas, visibilidad.</li>
<li>Fragilidad del yo: identidades inestables y autoestima dependiente de validación externa.</li>
<li>Escasez emocional: la idea de que el éxito del otro reduce el nuestro.</li>
</ul>
<p>La envidia es un duelo por lo que no somos, no tenemos o no logramos.</p>
<p>Mientras la admiración es luminosa y reconoce el valor del otro, la envidia es su sombra: cuando admirar duele. Este giro ocurre cuando la admiración toca una herida propia y el otro encarna una versión de nosotros que sentimos inalcanzable.</p>
<p>El éxito ajeno nos confronta con nuestra falta de acción o disciplina. Cuando el vínculo es cercano, se vuelve comparativo. La admiración se vuelve envidia cuando deja de inspirar y empieza a humillar. Un factor común en la envidia es la cercanía.</p>
<p><strong>El cuerpo de la envidia.</strong></p>
<p>La envidia no quiere lo que el otro tiene: sólo quiere que el otro deje de tenerlo.</p>
<p>La lógica es primitiva: “Si tú brillas, yo desaparezco.”, “Si tú creces, yo me achico.”, “Si tú eres vista, yo soy borrada.”</p>
<p>Por eso la envidia opera con micro‑violencias: Minimiza logros. Desacredita. Hace comentarios pasivo‑agresivos. Retira apoyo. Compite en silencio. Desea que al otro “le vaya tantito mal”. La envidia no busca justicia: busca equilibrio emocional a costa del otro.</p>
<p>Y no hablamos de envidia porque es el pecado más vergonzoso: revela nuestra pequeñez. No hablamos de envidia porque nos hace sentir moralmente inferiores. Es socialmente inconfesable.</p>
<p>No queremos admitir que el otro nos importa tanto y nos confronta con nuestra falta de trabajo interno. Entonces, es más fácil disfrazar la envidia de “preocupación”, “consejo” u “opinión”.</p>
<p>Realmente, la envidia es el tabú emocional de nuestra época. Necesita proximidad para encenderse. Por eso envidiamos más a quienes comparten nuestro territorio profesional, social o emocional.</p>
<p>También a quienes son comparables a nosotros porque representan una versión posible de lo que podríamos ser, nos recuerdan decisiones que no tomamos y nos muestran que “sí se podía”.</p>
<p>A los lejanos los admiramos; a los cercanos los comparamos, pero a los muy cercanos los envidiamos.</p>
<p>La distancia no evita la envidia, pero protege la energía. Y existen tres niveles de distancia sana:</p>
<ul>
<li>Informativa: no compartir lo que el otro no puede sostener.</li>
<li>Emocional: no buscar validación donde hay competencia.</li>
<li>Estratégica: no exponerse a quien reacciona desde la carencia.</li>
</ul>
<p>Transformar la envidia a una ética de la admiración implica nombrarla sin vergüenza, reconocer lo que nos duele, convertir la comparación en inspiración, celebrar sin sentir que perdemos algo y practicar la gratitud como antídoto.</p>
<p>La admiración es la forma madura de la envidia.</p>
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		<title>La industria de las mentiras</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 05 Jun 2026 06:51:37 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Nacional]]></category>
		<category><![CDATA[Nacionales]]></category>
		<category><![CDATA[Abanico]]></category>
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		<category><![CDATA[Ivette Estrada]]></category>
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		<category><![CDATA[Roberto Alinso Ramos Erosa]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Ivette Estrada Las fake news no nacieron en internet. La desinformación tampoco es un invento de las redes sociales. Lo que sí es nuevo y profundamente peligroso, es que hoy existe una industria organizada dedicada a producir, distribuir y monetizar mentiras a escala global. El autor de “Entre verdades fabricadas y mentiras a medias”,&#8230;</p>
<p>El cargo <a href="https://lachispadeoaxaca.com.mx/nacional/la-industria-de-las-mentiras/">La industria de las mentiras</a> apareció primero en <a href="https://lachispadeoaxaca.com.mx">La Chispa de Oaxaca</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Ivette Estrada</strong></p>
<p>Las fake news no nacieron en internet. La desinformación tampoco es un invento de las redes sociales. Lo que sí es nuevo y profundamente peligroso, es que hoy existe una industria organizada dedicada a producir, distribuir y monetizar mentiras a escala global.</p>
<p>El autor de “Entre verdades fabricadas y mentiras a medias”, Roberto Alinso Ramos Erosa, “la televisión fue el primer laboratorio donde se ensayaron los mecanismos de manipulación que hoy dominan el ecosistema digital”.</p>
<p>Pero antes de hablar de industria, hay que distinguir los materiales con los que se fabrica:</p>
<p>El error periodístico es involuntario. Humano. Se corrige. No busca engañar.</p>
<p>El sesgo es una inclinación, consciente o no, que distorsiona la realidad. No es malicia: es perspectiva.</p>
<p>La desinformación intencional es donde empieza la industria. Es la información falsa creada deliberadamente para manipular, polarizar o generar pánico. “Este último nivel es el que conecta la televisión del siglo XX con las fake news del siglo XXI”, aseguró el autor en una conferencia ofrecida en el Club Primera Plana.</p>
<p>Ahora, las fake news son el producto estrella de la industria de la mentira. Son productos diseñados para circular, emocionar y dividir.</p>
<p>Una fake news es fabricada, empaquetada con apariencia periodística y optimizada para viralizarse. Es monetizable, replicable en serie e industrializable.</p>
<p>Para el criminólogo “La televisión ya había mostrado el camino: dramatizaciones que parecían noticias, rumores amplificados, teorías conspirativas presentadas como “el otro lado, propaganda política disfrazada de información”.<img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignright size-full wp-image-23466" src="https://hub.laagendademexico.com/wp-content/uploads/2026/06/mentiras.jpeg" alt="" width="274" height="388" /></p>
<p>La diferencia es que hoy la producción es masiva, automatizada y global.</p>
<p>¿Cómo se relaciona con la posverdad i el ecosistema donde la industria prospera?</p>
<p>La mentira es un acto. La fake news es un producto. La posverdad es el ecosistema donde ese producto se vuelve rentable.</p>
<p>La posverdad no es una falsedad: es un clima emocional donde los hechos importan menos que las creencias, identidades o afectos del público.</p>
<p>En la posverdad, la emoción vale más que el dato, la identidad vale más que la evidencia y la narrativa vale más que la verificación</p>
<p>“La televisión ayudó a construir ese clima al mezclar información, espectáculo y dramatización. Las redes sociales sólo lo aceleraron”, aseguró el autor.</p>
<p>La televisión operó como un ensayo general de la desinformación.</p>
<p>El autor comenta: “la televisión podía legitimar ideas sin evidencia sólo por mencionarlas. No tenía viralidad, pero sí tenía autoridad. Eso bastaba para moldear percepciones”.</p>
<p>Hoy, la desinformación opera como cualquier industria: tiene productores, distribuidores, plataformas, métricas, inversionistas y objetivos políticos y económicos</p>
<p>Las fake news son el producto. La posverdad el mercado. La ciudadanía el recurso explotado.</p>
<p>Hoy, cuando los hechos ya no importan y las creencias lo deciden todo, las consecuencias son devastadoras: sociedades polarizadas, instituciones debilitadas, miedo amplificado, reputaciones destruidas, decisiones públicas tomadas desde la emoción y no desde la evidencia.</p>
<p>Es momento de romper las mentiras y desmantelar fake news y la oscuridad de la posverdad.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>ABANICO/ Magia utilitaria: Narrativas del mundo corporativo</title>
		<link>https://lachispadeoaxaca.com.mx/columnistas/abanico-magia-utilitaria-narrativas-del-mundo-corporativo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Jun 2026 06:20:26 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Ivette Estrada]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Ivette Estrada Las historias son magia utilitaria. No solo fascinan: organizan, alinean y transforman. Cada relato es un pequeño mecanismo que reordena el mundo interior de quien lo escucha. Logran acciones inusitadas: suspenden el ruido y crean un pequeño hechizo de silencio. Es un pacto ancestral: te presto mi atención si tú me llevas&#8230;</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Ivette Estrada</strong></p>
<p>Las historias son magia utilitaria. No solo fascinan: organizan, alinean y transforman. Cada relato es un pequeño mecanismo que reordena el mundo interior de quien lo escucha. Logran acciones inusitadas: suspenden el ruido y crean un pequeño hechizo de silencio. Es un pacto ancestral: te presto mi atención si tú me llevas a algún lugar.</p>
<p>Pero no es solo fascinación antigua: es generación de sentido. Mientras los datos informan, las historias otorgan significado y conectan hechos dispersos. También crean memoria emocional, porque recordamos lo que nos hizo sentir, no lo que nos hicieron leer.</p>
<p>Las historias generan pertenencia. Por eso las empresas con narrativas fuertes tienen culturas más cohesionadas. Sus instrucciones disfrazadas de emoción enseñan sin imponer.</p>
<p>En el mundo corporativo, el embrujo se vuelve herramienta estratégica. Permite:</p>
<ul>
<li><em><strong>Cohesión interna. Una historia común reduce la fricción entre áreas. Todos saben “por qué estamos aquí”.</strong></em></li>
<li><em><strong>Transmisión de valores. Un valor explicado es teoría; un valor narrado es experiencia.</strong></em></li>
<li><em><strong>Alineación de intereses. Cuando un equipo entiende el “viaje” de la empresa, entiende su rol en él.</strong></em></li>
<li><em><strong>Construcción de reputación. Las marcas no se recuerdan por lo que venden, sino por lo que cuentan.</strong></em></li>
<li><em><strong>Gestión del cambio. Toda transformación necesita un relato que explique el sentido del movimiento.</strong></em></li>
<li><em><strong>Atracción de talento. La gente quiere trabajar donde las historias inspiran, no donde los procesos son impecables.</strong></em></li>
<li><em><strong>Una narrativa sólida convierte decisiones difíciles en decisiones comprensibles.</strong></em></li>
</ul>
<p>El storytelling emplea arquetipos narrativos universales porque tocan fibras profundas. Sus factores esenciales son un conflicto reconocible, un punto de quiebre, una transformación, una verdad emocional, un hilo conductor y un cierre que ilumina.</p>
<p>Las narrativas con más adeptos suelen ser las historias de origen: la semilla de todo, porque explican identidad. También atraen las historias de quiebre, esos momentos en que la vida se parte en dos. Somos proclives a privilegiar historias de caída y reconstrucción, pero también las de revelación, las historias de viaje y las de legado.</p>
<p>Para incorporar estas historias en una empresa se requiere mapear el ADN narrativo: identificar momentos fundacionales, quiebres y aprendizajes. Después, crear un archivo vivo de historias: no documentos muertos, sino relatos que se actualizan.</p>
<p>Conviene entrenar a líderes como narradores e integrar historias en procesos como onboarding, ventas, cultura e innovación. Finalmente, para completar el sortilegio, se necesita usar historias como brújula. Esto permite tomar decisiones que respeten la identidad.</p>
<p>Porque en el mundo corporativo —como en la vida— las palabras no solo describen la realidad: la crean. Y esto es magia fundamental.</p>
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		<title>ABANICO/ Punto de quiebre</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 25 May 2026 10:06:52 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Por Ivette Estrada La primera verdad incómoda del punto de no retorno es esta: hay decisiones, pérdidas, rupturas y renuncias que ya no admiten edición. No hay “deshacer”, no hay “volver a intentar”, no hay “quizá después”. Ese instante es brutal porque nos confronta con la finitud: la conciencia de que una parte de nuestra&#8230;</p>
<p>El cargo <a href="https://lachispadeoaxaca.com.mx/columnistas/abanico-punto-de-quiebre/">ABANICO/ Punto de quiebre</a> apareció primero en <a href="https://lachispadeoaxaca.com.mx">La Chispa de Oaxaca</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Ivette Estrada</strong></p>
<p>La primera verdad incómoda del punto de no retorno es esta: hay decisiones, pérdidas, rupturas y renuncias que ya no admiten edición. No hay “deshacer”, no hay “volver a intentar”, no hay “quizá después”. Ese instante es brutal porque nos confronta con la finitud: la conciencia de que una parte de nuestra historia quedó fijada para siempre.</p>
<p>Sin embargo, también es lúcido. Es el momento en que dejamos de negociar con la fantasía del “todavía puedo”. Y en esa claridad aparece un tipo de libertad que solo existe cuando ya no hay marcha atrás.</p>
<p>Aparece una finitud asumida, como aceptación madura de lo que ya no será.</p>
<p>El cierre de ciclos, como acto deliberado y no solo como consecuencia.</p>
<p>Y el no retorno, como frontera que nos obliga a mirar hacia adelante.</p>
<p>En general aparece una tristeza inmensa que no destruye, pero se vuelve prioritaria. A veces, muchas veces, es una melancolía que se cuela en los pensamientos y en la vida diaria.</p>
<p>La tristeza del no retorno no es solo pérdida. También es un rito de pasaje.</p>
<p>Cuando algo termina de verdad —una relación, un proyecto, un rol, un mundo laboral, una identidad— surge una mezcla rara: nostalgia por lo que fue, resignación por lo que no será y un espacio vacío que pide ser habitado de otra forma.</p>
<p>Ese vacío es fértil. Es el terreno donde se siembra la siguiente versión de uno mismo.</p>
<p>El mundo hecho añicos es el inicio de otro mapa. La realidad que habitábamos puede desmoronarse sin previo aviso. Esta es una verdad empresarial, emocional y existencial: a veces el ecosistema que sostenía nuestra identidad se derrumba sin pedir permiso.</p>
<p>En lo empresarial, esto se ve como el proyecto que se cae, la alianza que se rompe, la estructura que ya no funciona, el mercado que cambia o la puerta que se cierra sin previo aviso.</p>
<p>Pero ese derrumbe no es un final: es un reinicio no planeado.</p>
<p>Y entonces, ¿qué hago con este andén vacío?</p>
<p>El tren que se va representa lo que ya no está disponible. Pero la estación representa lo que aún puede ser elegido. La clave está en no confundir el tren que se fue con la imposibilidad de viajar.</p>
<p>El andén es el lugar donde uno respira hondo, mira el reloj, siente el hueco en el pecho… y decide qué otro destino podría ser posible ahora.</p>
<p>No es reemplazo ni consuelo. Es reconfigurar el mapa interno. Es buscar nuevas rutas como expansiones, abrazar la reinvención como reconstrucción integral, observar la estación interior como espacio liminal donde se decide el próximo movimiento.</p>
<p>Finitud es el punto de partida que nace después del punto final, porque el no retorno no es solo un cierre. Es una declaratoria de inicio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El cargo <a href="https://lachispadeoaxaca.com.mx/columnistas/abanico-punto-de-quiebre/">ABANICO/ Punto de quiebre</a> apareció primero en <a href="https://lachispadeoaxaca.com.mx">La Chispa de Oaxaca</a>.</p>
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		<title>ABANICO/ Gratitud como arquitectura de todo lo que importa </title>
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		<pubDate>Mon, 18 May 2026 09:21:40 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Por Ivette Estrada La gratitud es reconocimiento y también la materia que construye todo lo que importa: creatividad, respeto, dignidad, felicidad, serenidad y amor. Es ver en la otredad la gentileza, la bonhomía, el apoyo, la belleza, la fuerza y la ruta. Es mirar la colaboración como un entramado de aspiraciones. Es devolver certeza y&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Ivette Estrada</strong></p>
<p>La gratitud es reconocimiento y también la materia que construye todo lo que importa: creatividad, respeto, dignidad, felicidad, serenidad y amor.</p>
<p>Es ver en la otredad la gentileza, la bonhomía, el apoyo, la belleza, la fuerza y la ruta. Es mirar la colaboración como un entramado de aspiraciones. Es devolver certeza y luminosidad a la vida. También es el antídoto contra el sinsentido, la banalidad y lo burdo. Es encontrar nuestro centro.</p>
<p>“Gracias” es la palabra que condensa encuentros con respuestas dormidas, oportunidades latentes y acciones que nos regresan a nuestro eje. Es la bendición por la atención y el cariño que recibimos, por desbaratar los nudos que a veces nos rigen. Es abandonar los periplos internos de confusión y atrevernos a mirar hacia afuera. Es pasar de la oscuridad a la luz.</p>
<p>Ese tránsito se logra sólo al respirar. La respiración devuelve la calma, borra barreras, elimina sentencias de imposibilidad, desencanto o fracaso. Elige, de entre todas las experiencias, sólo lo que es bueno, útil, bello, emblemático o certero.</p>
<p>Gratitud es respirar. Es conectar con lo que valoramos y queremos, aferrarnos a la plenitud de un instante. Es preguntar: ¿qué tengo de valor ahora? Lo que se nombra en ese momento es lo sustancial, lo que nunca se puede comprar: respeto, sentido, amor, comprensión, dones.</p>
<p>Los beneficios de la gratitud son diversos: desde hallar una solución o respuesta hasta restituir la serenidad, vislumbrar opciones o generar simpatía por nuestras luchas y causas.</p>
<p>En el mundo corporativo, dar gracias incide en un mayor compromiso de los equipos de trabajo; el reconocimiento potencializa alcances y recursos.</p>
<p>Y a veces —muchas veces— la gratitud inicia al nombrar a quien nos ayudó, creyó, sostuvo, escuchó, guió, visibilizó o tomó nuestra mano para impulsarnos a proseguir.</p>
<p>Quien profesa una religión suele atribuir los dones a sus deidades; quienes sostenemos la espiritualidad como parte de nuestra vida solemos agradecer a distintos enviados de Dios: un sonido de la naturaleza, una coincidencia, un ser sintiente, una herramienta de la IA o una canción, porque el Creador del cielo y de la tierra está en todo.</p>
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		<title>La comunicación como proceso social fundamental: Roberto Calleja</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 15 May 2026 10:04:52 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>• Valiosa intervención del gurú de la comunicación en el Instituto Mexicano de Ciencias y Humanidades La comunicación es un proceso social fundamental que establece la evolución personal y social. Sin ella no pueden establecerse las relaciones interpersonales, la construcción del tejido social ni el progreso científico y tecnológico, aseguró Roberto Calleja, gurú de la&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>• Valiosa intervención del gurú de la comunicación en el Instituto Mexicano de Ciencias y Humanidades</strong><br />
La comunicación es un proceso social fundamental que establece la evolución personal y social. Sin ella no pueden establecerse las relaciones interpersonales, la construcción del tejido social ni el progreso científico y tecnológico, aseguró Roberto Calleja, gurú de la comunicación, al participar en sesión del Instituto Mexicano de Ciencias y Humanidades que preside Raúl Gómez Espinosa.<br />
Calleja mencionó que en El Principito de Saint Exuperi “los ritos son necesarios para establecer vínculos profundos y significativos. Más aún en una época de cambios acelerados donde todo es más difícil y está en continuo cambio”.<br />
Con la irrupción de las redes y la Inteligencia Artificial se generan cambios en los esquemas de comunicación y representan un gran reto para nosotros, dijo el experto en Periodismo al responder al trabajo de ingreso al Instituto de Ivette Estrada,<br />
Calleja mencionó que el filósofo surcoreano Pyong-Chol-Han explicó cómo la revolución digital, el internet y las redes sociales transforman la esencia de la sociedad y la hipercomunicación digital destruye el silencio y crea un ruido aturdidor y carente de coherencia.<br />
“En tiempos de cambio, y por ende de confusión, qué útil es un trabajo como el de Ivette que nos ofrece guías para no perder el rumbo y tener atisbos de esperanza para no convertirnos en seres automáticos, zombis que habitan una realidad plástica, justo ahora que continuamente debemos declarar continuamente: No soy un robot”, mencionó ante diez miembros del Instituto el comunicólogo.<br />
Calleja dijo que “Con Han, Ivette nos hace ver que la pérdida de rituales genera una comunicación sin comunidad, un intercambio acelerado, narcisista y desprovisto de profundidad”.<br />
Dijo que Estrada “nos deja tarea para entender mejor los modelos de comunicación: leer, o releer con una nueva óptica de comunicación social, a Elena Garro y sus Recuerdos del Porvenir, a Fuentes y su Terra Nostra, al Zarco de Ignacio Manuel Altamirano, y desde luego a ese portento de nuestras letras que es Pedro Páramo del gran Juan Rulfo. Consideró interesante ejercicio el recurrir a la literatura para comprender mejor problemáticas comunicacionales.<br />
Roberto Calleja dijo que en el trabajo presentado “…existe una riqueza innovadora con conceptos como cartografía del público y la arquitectura emocional en el diseño del mensaje”.<br />
Generosamente, el gurú aseveró: “estoy seguro que en nuestro recuerdo quedará por siempre esta valiosa intervención de Ivette y su luminoso ingreso a este Instituto que preside muy dignamente don Raúl Gómez Espinosa”</p>
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		<title>ABANICO/ Rituales como resistencia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 13 May 2026 06:01:45 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Por Ivette Estrada En un tiempo donde la velocidad dicta el pulso de la vida y la palabra se reduce a un clic, un emoji o una reacción automática, detenerse a hablar se convierte en un acto de resistencia. La comunicación contemporánea, moldeada por la inmediatez digital, pierde los rituales que alguna vez le dieron&#8230;</p>
<p>El cargo <a href="https://lachispadeoaxaca.com.mx/columnistas/abanico-rituales-como-resistencia/">ABANICO/ Rituales como resistencia</a> apareció primero en <a href="https://lachispadeoaxaca.com.mx">La Chispa de Oaxaca</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Ivette Estrada</strong></p>
<p>En un tiempo donde la velocidad dicta el pulso de la vida y la palabra se reduce a un clic, un emoji o una reacción automática, detenerse a hablar se convierte en un acto de resistencia.</p>
<p>La comunicación contemporánea, moldeada por la inmediatez digital, pierde los rituales que alguna vez le dieron profundidad, duración y sentido. Y cuando los rituales desaparecen, no solo se empobrece el lenguaje: se erosiona la vida en común.</p>
<p>Byung-Chul Han advierte que habitamos una época marcada por la desaparición de los rituales, por la aceleración que deshace la comunidad y por una comunicación que ya no convoca, solo circula. Vivimos en un intercambio sin hogar simbólico, sin pausas, sin umbrales. En ese paisaje, la palabra deja de ser puente y se vuelve trámite.</p>
<p>Pero hay quienes aún creemos que la comunicación puede ser un espacio de cuidado,  presencia y  memoria. Que la palabra —cuando se ejerce con intención, tono y ritmo— puede sostener vínculos, reparar fracturas y convocar comunidad. Que hablar no es solo transmitir información, sino habitar un vínculo.</p>
<p>Por eso propongo pensar la comunicación ritualizada como una forma de resistencia cultural. Resistir no desde la confrontación, sino desde la profundidad. No desde el ruido, sino desde la duración. No desde la autopromoción narcisista, sino desde la presencia orientada al otro.</p>
<p>Ritualizar la palabra implica recuperar gestos que parecían obvios: mirar, escuchar, nombrar la intención antes de hablar, abrir un umbral antes de una conversación difícil, cerrar con conciencia para que algo permanezca. Implica recordar que el cuerpo también habla, que la respiración acompasa el vínculo, que el silencio puede ser un acto de cuidado.</p>
<p>En un país donde la palabra pública suele desgastarse entre estridencias, y la palabra íntima se diluye entre notificaciones, volver ritual la comunicación es un gesto político. Es afirmar que la comunidad aún es posible, que la memoria aún puede sostenerse y la presencia aún puede ser hogar.</p>
<p>Ritualizar no es volver al pasado: es crear condiciones para un porvenir más humano. Es devolverle a la palabra su capacidad de convocar, ordenar y sanar. Es resistir la atomización contemporánea con algo tan simple y al unísono altamente poderoso como un encuentro verdadero.</p>
<p>Porque, finalmente, como escribió Octavio Paz, “la palabra es el puente que une al hombre con el mundo”. Y en tiempos de desarraigo, construir puentes es el acto más urgente.</p>
<p>*<strong> Integrante del Instituto Mexicano de Ciencias y Humanidades</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>ABANICO/ Anatomía de la innovación</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 May 2026 09:28:07 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Por Ivette Estrada Esplendorosa, inesperada y milagrosa son tres características que durante mucho tiempo se atribuyeron míticamente a la innovación. No fue fortuito: esa narrativa funcionó como excusa perfecta para evadir la responsabilidad de crear y generar ideas. Sin embargo, hoy los corporativos con mayores soluciones, productos y patentes muestran que la anatomía del eureka&#8230;</p>
<p>El cargo <a href="https://lachispadeoaxaca.com.mx/columnistas/abanico-anatomia-de-la-innovacion/">ABANICO/ Anatomía de la innovación</a> apareció primero en <a href="https://lachispadeoaxaca.com.mx">La Chispa de Oaxaca</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Ivette Estrada</strong></p>
<p>Esplendorosa, inesperada y milagrosa son tres características que durante mucho tiempo se atribuyeron míticamente a la innovación. No fue fortuito: esa narrativa funcionó como excusa perfecta para evadir la responsabilidad de crear y generar ideas.</p>
<p>Sin embargo, hoy los corporativos con mayores soluciones, productos y patentes muestran que la anatomía del eureka es menos heroica e inexplicable de lo que se contó tradicionalmente. En realidad, se trata de una arquitectura organizacional, un sistema operativo.</p>
<p>Está integrado por iteración constante —en lugar de proyectos aislados—, espacios seguros para fallar —porque sin error no hay descubrimiento—, equipos divergentes —porque la homogeneidad produce ceguera— y rituales de aprendizaje donde cada intento deja trazabilidad. A ello se suma un tipo de liderazgo que habilita, no que controla.</p>
<p>Esto rompe un antiguo mito de la serendipia: la innovación no depende del talento individual, sino del liderazgo que diseña el entorno donde ese talento puede emerger.</p>
<p>Un liderazgo innovador, en lugar de exigir certezas, privilegia las hipótesis; no castiga el error, sino la falta de curiosidad; y en vez de promover obediencia, cultiva criterio. Es un liderazgo que entiende que su función no es tener la respuesta, sino crear las condiciones para que la respuesta aparezca.</p>
<p>Pasar de la noción de “milagro” al “trabajo consistente y razonado” es la columna vertebral de la innovación. Es un puente de metamorfosis donde se contrapone el milagro al método. El milagro es impredecible; el método es replicable. El milagro es excepcional; el método es cotidiano. El milagro depende de un genio; el método depende de un equipo.</p>
<p>En ese tránsito, el liderazgo deja de ser guardián del orden para convertirse en curador de posibilidades.</p>
<p>Pero hay algo más profundo: innovar no es solo producir algo nuevo, sino asumir la responsabilidad de imaginar un mundo mejor que el actual. Por eso requiere persistencia, humildad, escucha, diversidad y una voluntad casi ritual de sostener el proceso incluso cuando no hay resultados inmediatos.</p>
<p>Esta comprensión transforma radicalmente la idea de innovación: deja de ser un acto fortuito e inesperado para convertirse en una creación sostenida. No es un accidente, sino un acto obstinado, consciente y persistente.</p>
<p>Conocer la anatomía de la innovación nos permite democratizar la creación, moldearla, conducirla, extrapolarla, medirla, extenderla y convertirla en cultura. No es un regalo inesperado: es la consecuencia de un trabajo orquestado para admitir controversias, diversidad, equivocaciones, replanteamientos y plasticidad momento a momento.</p>
<p>Es entender la realidad como un proceso cambiante que exige una visión holística y en tiempo real para transformarla. Es admitir que cualquiera empeñado en crear algo más útil, asequible, bello o perfecto puede lograrlo.</p>
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		<title>ABANICO/ Los hombres prohibidos</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 04 May 2026 07:35:21 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Ivette Estrada]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Ivette Estrada Asumimos que un hombre prohibido sólo se limita a quien ya posee un compromiso. Sin embargo, existe una categoría muy vasta que integra a los emocionalmente inaccesibles. Sus actuaciones son sutiles y aparentemente educadas. Así, un “estimada” puede parecer cortesía. Pero en ciertos hombres funciona como un cerrojo: una forma elegante de&#8230;</p>
<p>El cargo <a href="https://lachispadeoaxaca.com.mx/columnistas/abanico-los-hombres-prohibidos/">ABANICO/ Los hombres prohibidos</a> apareció primero en <a href="https://lachispadeoaxaca.com.mx">La Chispa de Oaxaca</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Por Ivette Estrada</strong></p>
<p>Asumimos que un hombre prohibido sólo se limita a quien ya posee un compromiso. Sin embargo, existe una categoría muy vasta que integra a los emocionalmente inaccesibles. Sus actuaciones son sutiles y aparentemente educadas.</p>
<p>Así, un “estimada” puede parecer cortesía. Pero en ciertos hombres funciona como un cerrojo: una forma elegante de recordarte tu lugar, de marcar distancia después de un momento íntimo, de reinstalar la jerarquía que nunca debiste olvidar.</p>
<p>Ese tipo de gesto —mínimo, frío, calculado— es la puerta de entrada a un fenómeno más amplio: los hombres prohibidos.</p>
<p>No los que tienen pareja o están comprometidos. No. No sólo son ellos. Son  los que no tienen un sistema emocional confiable.</p>
<p>Los hombres prohibidos son aquellos cuya inestabilidad afectiva se disfraza de mesura, su frialdad se presenta como prudencia y emplean el desprecio opera como forma de control.</p>
<p>Son los que cambian de tono sin previo aviso y te hacen sentir que cualquier gesto cotidiano puede ser “demasiado”. Así, te obligan a caminar de puntitas para no activar su desdén, administran la ternura como si fuera un recurso escaso y te hacen creer que la insuficiencia es tuya, cuando en realidad es su incapacidad emocional.</p>
<p>Cierran puertas con cortesías hirientes: el “estimada”, el “cuídate”, el “ya veremos”.</p>
<p>Los hombres prohibidos se asumen como centro y te colocan en la periferia: ellos como colonizadores, tú como la “indita” que debe agradecer la atención.</p>
<p>No son hombres ocupados. Son hombres emocionalmente inaccesibles.</p>
<p>Estos hombres no gritan. No golpean la mesa. No insultan. Su violencia es más sofisticada: la frialdad estratégica.</p>
<p>Te observan comer chocolate y te llaman “golosa”, no por humor, sino para recordarte que tu cuerpo está bajo evaluación. Te besan con intensidad, pero al día siguiente te tratan como si hubieras imaginado todo. Te hacen sentir que cualquier emoción tuya es exagerada.</p>
<p>Los hombres prohibidos te premian con migajas de atención para mantenerte orbitando y, al mismo tiempo, castigan con silencios que no explican. Su arma no es el conflicto. Es la ambigüedad.</p>
<p>Estos hombres no destruyen desde la acción, sino desde la inestabilidad. Esto porque la imprevisibilidad emocional genera ansiedad, auto–censura, hipervigilancia, culpa, dependencia afectiva y erosión de la autoestima</p>
<p>No son peligrosos porque “no quieren algo serio”. Son peligrosos porque no saben sostener la dignidad del otro.</p>
<p>Hay un patrón histórico detrás: El hombre que se asume como norma, centro y medida de lo correcto. La mujer que se percibe como territorio que debe adaptarse, suavizarse y agradecer.</p>
<p>El colonialismo emocional funciona así: Él define el ritmo, la distancia y tono. Él define cuándo eres deseable y cuándo prescindible. Y tú, sin darte cuenta, empiezas a negociar tu propia luz para no incomodar.</p>
<p>Los hombres prohibidos no son los que no puedes tener. Son los que no debes permitir que entren en tu sistema emocional.</p>
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